Las palabras son ventanas o paredes

Las palabras son ventanas o son paredes

No conozco a nadie que en algún momento de su vida personal o profesional no haya sido parte o protagonista de un conflicto. Todos los seres vivos de una u otra manera nos vemos sometidos a la realidad de los conflictos y eso no es en sí una mala noticia.
Los conflictos no son necesariamente malos, al revés, cuando éstos son gestionados de una manera adecuada, pueden llegar incluso a resultar positivos y a suponer grandes oportunidades para el cambio.
El problema, como digo no es que los conflictos sean una realidad intrínseca a estar vivos, sino que no estemos entrenados para gestionarlos.
De la misma manera que existen métodos y modelos de Dirección, de Ventas o de Negociación, existen también métodos para Identificar y Gestionar Conflictos.
Muchos conflictos son inevitables, pero otros tantos se pueden prevenir y para ello resulta crucial interiorizar que todo conflicto tiene una parte objetiva y otra emocional y que casi siempre es la segunda la que mayor repercusión genera.
Todos somos seres emocionales aunque las emociones nos influyan a cada persona de manera diferente porque como decía Epicteto, “A los seres humanos no les perturban las cosas en sí, sino cómo las ven”.
Nuestros modelos educativos no nos educan en general a identificar, entender, aceptar ni expresar nuestros sentimientos, nuestras emociones, ni nuestras necesidades, por eso a la hora de expresarnos emitimos juicios, críticas, diagnósticos e interpretaciones que sólo consiguen hacernos daño y hacer daño a otros.
En este sentido, La CNV (comunicación no violenta) nos orienta a reestructurar nuestra forma de expresarnos y escuchar a los demás. En lugar de obedecer a reacciones habituales y automáticas, nuestras palabras se convierten en respuestas conscientes y constructivas.
Cuando nos centramos en clarificar lo que observamos, sentimos y necesitamos, en lugar de dedicarnos a diagnosticar y a juzgar, descubrimos cuán profunda es nuestra capacidad para reescribir la historia de otra manera.
Como dice Marshall Rosenberg, para desarrollar la CNV el truco consiste en:
– Separar la observación y la evaluación. Cuando las mezclamos, la otra persona suele tener la impresión de que la estamos criticando, y por lo tanto opone resistencia a lo que le decimos.

– El segundo componente que necesitamos para expresarnos es el de los sentimientos. Cuando elaboramos un vocabulario de sentimientos que nos permite nombrar o identificar de forma clara y precisa nuestras emociones, nos resulta más fácil conectarnos con los demás. Al mismo tiempo que nos hace más vulnerables, la expresión de nuestros sentimientos puede ayudarnos a resolver conflictos.

– El tercer componente de la CNV es el reconocimiento de las necesidades que hay detrás de nuestros sentimientos. Lo que digan y hagan los demás puede ser el estímulo, pero nunca la causa de nuestros sentimientos. Cuando alguien se comunica negativamente con nosotros, al recibir el mensaje tenemos cuatro opciones: 1) echarnos la culpa; 2) culpar a la otra persona; 3) darnos cuenta de nuestros sentimientos y necesidades y 4) darnos cuenta de los sentimientos y necesidades que oculta el mensaje negativo de la otra persona.

En el fondo, los juicios, críticas, diagnósticos e interpretaciones que hacemos de los demás son expresiones de nuestros juicios y valores.

Cuando los demás perciben una crítica, tienden a centrar su energía en la autodefensa o en el contraataque.

– El componente número cuatro se centra en lo que esperamos que haga la otra persona para enriquecer la vida de ambos. Cuanto más claramente manifestamos qué queremos, más probable será que lo consigamos.
Como el mensaje que emitimos no siempre es el mismo que recibe quien nos escucha, necesitamos aprender a averiguar si lo que dijimos se entendió correctamente.

Por ello recuerda…

Las palabras son ventanas o son paredes

Siento que tus palabras me sentencian,
que me juzgan y que me apartan de ti,
pero antes de irme, tengo que saber,
si eso es lo que quieres decirme.
Antes de erigirme en mi defensa,
antes de hablar herida o asustada,
antes de levantar esa pared de palabras,
quiero saber si verdaderamente he oído.
Las palabras son ventanas o paredes;
Nos condenan o nos liberan.
Ojalá que al hablar o al escuchar
Resplandezca la luz del amor a través mío.
Hay cosas que necesito decir,
cosas muy significativas para mí.
Si no me expreso claramente con mis palabras
¿me ayudarás a ser libre?
Si te pareció que quise rebajarte,
si creíste que no me importabas,
trata de escuchar a través de mis palabras
los sentimientos que compartimos.

Ruth Bebermeyer

Por Nerea Urcola Martiarena


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